miércoles, 9 de octubre de 2013

OTILIA (Marisol)

En un lugar de la provincia de Sevilla de cuyo nombre he oído hablar alguna vez vive una agria e indomable viuda llamada Otilia. Es conocida no solo por su hostilidad, sino también por su enfermiza obsesión por la limpieza. Ninguna mancha es un obstáculo para ella, ninguna mota de polvo se le escapa en el vuelo, ningún color palidece al caer en sus manos, ningún olor a frito impide la fresca fragancia que recorre su casa traspasando la frontera del umbral de su morada deslizándose sibilinamente por debajo de la puerta de cualquier vecindona corroída por la envidia. Su felicidad, desde que su Paco murió al poco tiempo de casada tras ser derribado por un rayo inesperado mientras cogía aceitunas y con una niña recién nacida, se ha convertido en un anuncio de productos milagrosos que hacen relucir su casa.

Una de esas vecinas que sufría en silencio el esplendor y la fama de Otilia se llamaba Anastasia. A pesar de la diferencia social Otilia nunca se amedrantó ante la variedad de colo- res de los billetes de ésta, ni siquiera la casona de los delirios como así la apodó le hizo tambalear; los cimientos de su reputación la mantienen altiva y firme como si en realidad la ricachona fuera ella misma.

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