miércoles, 9 de octubre de 2013

AGUSTÍN (Marisol)

En un lluvioso diciembre de 1969 en una inhóspita habitación de hospital vendría al mundo un niño regordete y blanco como la nieve que cubría la ciudad al que bautizarían con el nombre de Agustín en recuerdo a su abuelo paterno.

Su primer abrir y cerrar de ojos a la vida ocasionó en su entorno familiar la estampida de sus progenitores. Desahuciado por su madre en el regazo de su abuela al no afrontar su responsabilidad maternal con su vida profesional. Hipnotizado por el brillo de su placa de policía su padre cambió de rumbo abandonándolo sin que nunca más se supiera de él… Hasta el día que Agustín decidió salir en busca de su madre alentado por su yaya a la que la vida comenzaba a restarle minutos. El curioso encuentro tuvo lugar en una calle del casco antiguo frecuentada por mujeres ataviadas con escasa ropa, maquillaje surrealista, tacones de vértigo y escoltadas por un deteriorado y famélico hombre al que llamaban “el poli”.

Descubrir en la adolescencia las miserias de una familia desconocida agravaría aún más las rarezas y recelos de un joven con una frágil personalidad. Transitaría desde ese mismo momento por un calvario de entradas y salidas acompañado de seres con batas blancas y dueño de un arsenal de drogas legales que no lo harían regresar de ese extraño caos de edificios con olor a lejía.

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